La habitación tenía paredes acolchadas de colores
claros. Una luz muy fuerte le hacía entrecerrar los ojos. El efecto de los
tranquilizantes la mantenía adormecida la mayor parte del tiempo y ella no
comprendía muy bien cómo había llegado hasta ahí.
De repente venían a su mente
imágenes de un hombre, de un cuchillo, sangre, gritos. Ella se miraba, con los
brazos amarrados por la camisa de fuerza y no podía moverse.
Quería levantarse, pero sus piernas no tenían
fuerza. Inclinó la cabeza sobre su hombro y cerró los ojos. Era una pesadilla y
seguramente pronto despertaría. Sentía un fuerte dolor de cabeza, todo daba
vueltas y lo único que quería era volver a su casa, a su cama, sentir que
estaba protegida.
Quería despertarse y oler el café que su madre preparaba
para el desayuno, el aroma de las tostadas recién hechas. Quería volver a ser
pequeña. Solo quería dormir y no pensar más.
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